sábado, 28 de noviembre de 2015

Parte Cero:


En la fiesta de fin de año del 2014 mi tía halagaba a mi hija menor ¿tan bien te van a salir los bebes?
Si, ¿no?
Quieren más? NO! De hecho, le estamos queriendo sacar los pañales y las mamaderas. Emma no tenía dos años aún...

Pero me quedé pensando. ¿Emma iba a ser mi última hija? Entonces ¿por qué tanto apuro para que deje de ser bebé?

Y me quedé pensando y dando vueltas con eso en mi cabeza la primer semana del nuevo año.
Lavaba las mamaderas, cambiaba los pañales y recordaba vagamente el dolor de un parto, como si eso hicera que dejara de valer la pena tener un bebé. Y lamentablemente no podía hablar con nadie del tema.
Tenía miedo de hablar de eso con Matias, estaba tan segura hacía una semana atras, hablabamos al unísono del tema, estabamos tan seguros los dos de no querer más hijos, pero todo era tan diferente para mí ahora que realmente lo estaba pensando. Considerando.

Llegó el cumpleaños de Natalia! y me enteré que mi prima estaba embarazada. La felicidad que me causó fue abrumadora y me senti tan bien que en ese momento me di cuenta de cuanto quería yo estar compartiendo la misma noticia. SI. Definitivamente quería otro bebé.

Pasó el mes y llegó el fin del ciclo, y con su llegada me sentí mal. Decidí hablar con Matias.
Matias no quería mas hijos, él estaba muy decidido. Tan decidido que envidié su firmeza.
Durante esas dos primeras semanas de Febrero seguí pensando en eso de una manera fugaz y cada vez más lejana.

El día de los enamorados, me pidieron trabajar como moza en el Restaurant donde había dejado de trabajar en Noviembre del año anterior. Fui totalmente dispuesta ya que luego de cumplir con mi puesto iba a tener un encuentro super romántico con Matias, las nenas estaban con su abuela y había que aprovechar...

El 17 de Febrero fue nuestro aniversario, lo festejamos yendo todos juntos al parque de la costa.
Tan embadurnados en protector solar como en felicidad nos tomamos un tren que demoró horrores en llegar. Naomi y Gala no sabían a dónde estábamos yendo, y yo ya no podía aguantar las ganas de arruinar la sorpresa.

Llegamos al parque de la costa, no podía ser más felíz. En los 12 años de noviazgo que tuve, nunca pudimos ir, porque las tres ocasiones en las que nos aventuramos a ir solos, nunca estuvo abierto.
Pasamos un día inolvidable, el mejor de mis aniversarios y lamentablemente no hubo fotos para poder revivir el momento.

El siguiente Sábado de Febrero vino mi hermana. Cuando soñó el portero me asusté y me subí al ascensor apurada, tanto que me resbalé con algo duro, una moneda pero cuando levanté el pie vi una medalla. La levanté y la guardé en mi bolsillo.
Recibí a mi hermana y a mi sobrina con la misma felicidad de siempre...

Al día siguiente puse a lavar ese pantalón, y me acordé de la medallita.. La sostuve entre mis dedos índice y pulgar y con la mejor de las suertes llegaba a leer lo que decía:

"Nuestra señora de la dulce espera"

"Tiene que ser un chiste" pensé. Ja! No lo podía creer, ciertamente no podía. Y por las dudas, la puse en mi lllavero. Quien sabe. Quizá es una señal.

El 28 de Febrero terminaba el mes comiendo asado en la casa de mi papá junto a mis hijas, Matias y mi hermana Natalia. Mi mamá se sumó al encuentro ni bien sintió el olorcito del carbón.
Ese día o el siguiente yo esperaba el ciclo. Entonces estaba hinchada como un sapo. Esa noche, cuando llegué a casa no podía dormir de la indigestión y las ganas de vomitar.
Tomé un té digestivo, y me volví a acostar.

Entre una cosa y otra pasó una semana. Llegó el Domingo 8 de Marzo, y yo aun no tenia novedades. Consideré la posibilidad de un tremendo desbalance hormonal porque también veía que mi pelo se caía considerablemente, pero para descartar un posible embarazo, posible imposible embarazo, le pedí a mi hermana que ese día que venía a casa por la tarde trajera para mí un test casero de embarazo.
Estaba conteniendo el pis desde las tres de la tarde, ella llegaba a las ocho. Coincidía justo la cantidad de horas necesarias para poder realizarlo con efectividad.
Llegó Mariana. Y ¿sabes que? No trajo el test.
Jajaja! La quería matar. Sinceramente. No iba a desaprovechar la oportunidad de hacermelo con todo lo que había aguantado asi que fuimos caminando a la farmacia de turno más cercana a mi casa y compramos uno.
Me hice el test con la intencion de confirmar que estaba vieja y que estaba perdiendo el pelo por un desbalance hormonal, sumandole el hecho de que hacía ocho días que tenía un atraso. Pero no.
El test dio positivo y mis manos empezaron a temblar antes de levantar la tirita reactiva del coso asqueroso ese con pipi.
¿Qué?

Estaba embarazada. Si, dos rayas son embarazo. Nadia, tres veces hiciste esto. Tres veces para saber, y tres para guardar de recuerdo. Si, estas embarazada ¡ESTAS EMBARAZADA! AY POR DIOS. ¿Qué va a pensar Matias? No quería más hijos!! Jajaja estaba embarazada. No podía creer. No era vejez, era un bebé.
Wow, cuatro hijos. La realidad me azotó la cara y me hizo llorar de alegría.

Caminé como una tarada hacia el living y le dije a mi hermana:

Boluda, podes creer que estoy embarazada? 

LA CARA QUE PUSO

Qué? Nah... me estas jodiendo. A ver? No, no se ve bien la raya.
Mariana HAY DOS RAYAS no importa la intensidad.


Entre abrazos y planes con nueve meses de programación me desesperé. Se lo conté a quien podía.
Matias no lo podia creer ciertamente yo tampoco, porque nos cuidamos. De hecho siempre nos cuidamos desde que tuvimos a Emma entonces eso que significaba?

Pasó todo Marzo y me tocaba la primer ecografia y a la vez que salía de casa acariciaba la medalla que colgaba junto a la llave. ¿Sería eso lo que tenía que vivir?. Que felicidad. Otro bebe. Dios mio que felicidad. 
Parecía que estaba destinada a tener lo que deseaba.
En la ecografía se vio mi bebé de 8.5 semanas con un corazón fuerte de 169 latidos por minuto. Con esa formita de maní enloqueciendome desde antes de que llegara. Lloré. Era la primera vez que lloraba en la primer ecografía. Qué tarada. Pero quería saber que todo estaba bien y así estaba. Que dichosa vida me toca vivir. Es todo lo que podía pensar

Y a partir de ese día era todo lo que podía pensar. En mis cuatro hijos. En mi bienestar. En los vomitos, en el asado que me había caído mal. Ahora tenía sentido todo.

¿Cómo se iba a llamar?

No paraba de soñar con ecografias. Que era nena un día, al siguiente era un varón. No podía dejar de imaginar las dos habitaciones y un futuro prometedor. 
Le escribia cartas. Le pedía salud. Le pedí a la vida lo mejor y me lo había dado. Siempre. 
Me dormía todas las noches con la mano apoyada en mi vientre. Me bañaba todas las veces pensando en que no estaba sola. Ya imaginando esa instancia en la que no iba a poder mirarme los pies.
Me aseguraba de que el agua no este muy caliente. Me aseguraba de comer bien. 
Tantos antojos, pero ninguno como la mandarina. Iba a tener un hijo por cada estación del año y ahora gestaba una primavera. Qué feliz que eramos todos. Que feliz que era.

Hasta Abril. 

Primera parte...



El 26 de Abril tuve dolores fuertes en la parte baja de la cintura. Era un dolor sordo que no se fue con un analgésico común. Pese a los intentos de elongación fallidos el dolor permanecía latente. Me preocupe y le dije a Matias que para estar de tres meses de gestación no era nada normal. Luego de ese dialogo nos fuimos a dormir.
Con doce semanas y media de embarazo, me desperté de una pesadilla horrible, como tantas otras 
Teniendo la típica creencia de que para contar un mal sueño primero debes desayunar, me levante con toda la angustia vivida en mi mente y me dirigí a la cocina para prepararme
Un té de tan solo un minuto y medio en microondas.
Hacía calor, y eso que era el Abril… Le agregue leche al té y me fui a la cama a despertar a Matias.
Me senté, apoye la taza en la mesa de luz y le dije:

Soñé algo horrible:
Teníamos que salir del planeta tierra. No servía más. Nos teníamos que subir a una nave espacial que nos llevaría a la mitad de la nada en el universo. No sé porque elegí ponerme un vestido rosa, pero era consciente de que estaba embarazada y seguramente pensé en comodidad. Me preocupaba el viaje.
Recuerdo estar sujetada a ambos lados del cuerpo solamente con la fuerza de mis brazos. Todos alrededor de la misma manera, dejando un espacio considerable en el centro de la nave. A mi izquierda Mariana. En frente Matias y a cada lado ventanas que no apuntaban a ningún lugar.
La nave despego con una velocidad inmensurable. Se sentía como una fuerza gigantesca que burlaba la gravedad y luego un golpe repentino que la hizo suspenderse en el aire. En ese instante se caía mi saco gestacional al piso, haciendo un sonido parecido al de un sachet de leche al caer.
Mi bebe estaba muerto, dentro de una burbuja perfecta rellena de líquido, con la medida exacta con la que lo conocí a las ocho semanas y media de gestación. Con las manos y los pies petrificados y los ojos bien grandes y negros. Con el proyecto de columna vertebral y con la piel translucida.
Con un grito ensordecedor lo levante en el cuenco formado por mis dos manos para mostrárselo a mi hermana Mariana a quien le dije entre sollozos: - Mira. Nunca creció.
Ay! Mi vida, que pelotudeces que soñas (Dijo Matias cuando termine) interrumpiendo todas las imágenes que me venían a la mente.
Le di dos sorbos al té. Tome dos sorbos más y lo abrace. Le dije: - Debió ser porque tuve dolores toda la noche…
Me dieron ganas de ir al baño y  no fue lindo ver restos de sangre, de hecho fue peor que la pesadilla que tuve, ya que esto era de verdad.
Lo que sentí, no se puede explicar con palabras pero sabía que no estaba bien. Sabía que no era una buena señal y me puse a llorar. Hice una plegaria a dios, “por favor, no” pensé y me dirigí a la cocina donde
Matias estaba preparándoles el desayuno a las nenas para mostrarle lo que me estaba pasando.
- No es nada, me dijo. Es normal. Es porque se te está expandiendo el útero. No te asustes. ¿Queres que vayamos al médico igual?
Con un asomo de lágrimas y la garganta arenosa le dije que sí. Me fui a bañar y llore lo que no había llorado en seis meses esperando que el agua me libre de todo pensamiento negativo.
Me vestí y dejamos a las nenas en el colegio. Fuimos a la guardia del hospital. Después de una larga espera decidí quedarme sola.
Me atendió un novato. Un intento de ginecólogo que recitaba las oraciones como si estuviera leyéndolas en un manual de instrucciones de cómo ser un médico mediocre.
-“No es nada, dijo. Tenes un 50 y 50 de chances de que sea un inicio de aborto, hace reposo y hacete una ecografía.”
Nunca estuve tan asustada. Siempre fui tan valiente, siempre tan segura de mi cuerpo, de mi salud de mi vida pero todo eso no volvía a mí en ese momento. No paraba de recordar el sueño y de asociarlo al momento del baño.
Me colme de pensamientos de este estilo: Si tengo algo que requiere reposo absoluto, le pido a mi mama que se quede a vivir en mi casa para que me ayude con las nenas. Si tengo que hacer siete meses de reposo absoluto no me importa, todo sea por el bebe. Si tengo que clavarme inyecciones todos los días durante 30 semanas no me importa, todo sea por el bebe y así se me paso el viaje en el colectivo que me trajo a casa con otra perspectiva de vida.
La Nadia que estuvo feliz el 26 de Abril no existía más. Y de pronto esa infelicidad me dejo sin pensamientos en absoluto.

Llegue a casa decidida a investigar sobre todas las situaciones posibles. Coincidía que desde que yo no tenía náuseas y malestares también se podrían deber a la evolución del embarazo, así como podía deberse a la interrupción del mismo.
Pero estaba tan bien! O eso creía, ignoraba  lo contrario.
Le pedí a mi hermana que me programen una ecografía para el día siguiente. Gabriela totalmente dispuesta a apoyarme tal día, siendo muy optimista en todo momento.
En ese entonces me concentre en la vida que tenía, el ahora y los nervios me consumían, hable con Naomi para que me pudiera entender el silencio. No tenía ganas de hablar, pero ella sabía que algo me tenía mal. No la quise preocupar más, y decidí salir a comprar útiles escolares.   
No estaba para nada consciente de que todo lo que había leído en verdad me podría estar pasando. Quería creer que era todo producto de la casualidad de un mal sueño con una señal natural de que todo estaba bien. Por supuesto quería creer eso. Por supuesto ya que después de tres embarazos perfectos a mi nada podía pasarme.
Empecé a tener culpa, (habré hecho algo mal?) (¿Será porque estuve tan nerviosa?) (¿Será porque soy más grande?) y una lista infinita de posibles amenazas para que todo encajara en ese dia.
 Empecé a pensar en el sexo. ¿Te imaginas si mañana además de enterarme que está todo bien me entero si es nene o nena? Que tonta que soy por pensar que las cosas van mal. No hay nada mal.
Busque imágenes positivas… dos gatos abrazados y uno diciéndole al otro “Everything is gonna be ok”. Me causo unas increíbles ganas de llorar.
Llore demasiado. No podía disimular más. Las nenas se preocuparon, Salí de la computadora y miramos una película. Fui a cocinar y no podía parar de pensar ¿y si realmente estaba mal?
¿Què pasaba con la ilusión? ¿De qué había servido encontrar esa virgen que colgaba desde hacía dos meses en mi juego de llaves? ¿Què le iba a decir a la gente a la que con tanta felicidad le dije de lo que había vuelto a sucederme?

No sè como siguió el dia. Se que no dormi hasta las seis de la mañana. Sé que pasaba por el espejo a hacerme un te cada media hora y me miraba el vientre. Asomado, y  tierno. Y acariciándomelo me ponía a llorar.
Me fui a dormir, me quería desconectar de tantos pensamientos mezclados. Y soñé que me quedaba dormida y mi hermana me esperaba en ese lugar al cual nunca me presentaba, y me perdía, y no podía llamar por teléfono. Y me despertó el alarma, fui al baño y esperaba encontrar más de eso que había visto el dia anterior, pero no.
Era tarde, y escuche el tren. Corrí y corrí y pensé: Mi bebe está muerto y debe estar moviéndose de un lado hacia otro adentro mio como esos globos que quedan desinflados y olvidados de las fiestas y tener ese pensamiento me hizo sentír ajena a mi misma. Afirmando algo que no podía ser. Algo que a mi jamas me podría pasar. Dios mio! Me dieron reposo y yo corrí.
Llegue y me senté mirando hacia el lado contrario al sentido del tren. No podía parar de pensar. No dejaba de temblar. No podía respirar, había corrido mucho. Estaba muy gris el dia. No me emocionaba el paisaje, en realidad hubiera preferido viajar hasta el cansancio y no tener que ir a ningún lugar. Mirando un poco a la gente me di cuenta del aspecto que tenía. Un pullover gris que me hace ver pálida, el pelo en un rodete y la cara lavada con mal temple.
Pero me tuve que bajar y me acordaba de la breve conversación con Gabriela la noche anterior: Mañana vamos, quédate tranquila que mi bebito está bien.
Me concentre en eso y rogaba poder ser capaz de decirle: Una vez que tenes razón! Y por qué no! Basta. Deja de pensar mal, me decía a mí misma. (Tía, felicidades. Es un varón.)


El encuentro:

Nadia, no estes nerviosa. Está todo bien. A mí me paso eso, es normal. A Mariana le paso, y también es normal. Además estas bien. Te hiciste una ecografía y estaba todo bien. Deja de estar nerviosa al pedo. Es al pedo. Ahí viene el colectivo. (Tiro el cigarrilo al cordón de la vereda y alzo la mano)

Llegamos rápido. Nos atendieron lento. Llego mi turno y entre, dejando a mi hermana atrás, pero en frente de la puerta.
Un señor muy alto, robusto y de ojos celestes me pregunto mi nombre. (Sera varón?)
Nadia, estas de 13 semanas, ¿Quién te mando endovaginal? Rescostate y levántate la remera.
No quería mirar la pantalla. Realmente no quería. No quería mirar nada hasta que no me dijera que estaba todo bien…
¿Sos regular? Si. ¿Estas segura? Si. Muy segura. Sabes por qué te pregunto? Porque las mediciones me dan una cosita de apenitas nueve semanas.
Ya está. No quería saber más nada. Ya estaba segura de todo lo que venía. Trataba de ignorar cada detalle de ese momento porque sabia que iba a ser el peor dia de mi vida y seria en vano guardar información de algo que iba a querer olvidar, y cerré los ojos esperando que el momento pase. Sabía que me toco lo irreversible, lo inevitable, lo natural, lo posible. Me toco a mí. Y que más me iba a preguntar?
Voy a ponerlo en la pantalla para que lo veas. Mide 3 cm. Lo ves? Me da exactamente 9.3 semanas. Y el doctor seguía hablando pero yo miraba lo vacío que se veía ese bebe. No le veía titilar el corazón que con tanto ritmo saltaba hacia un mes atrás. Y en realidad ya no quería ver más.
Tenemos que encontrar el latido del corazón. Y busco y busco y no encontró más que ruido incoherente. Y no se escuchaba más que mi sollozo y la luz fluorescente y los tics de su tipeo en su computadora quizá anotando “Cinética cardiaca negativa”. Pero yo también podía sentir el sonido de mi corazón, como si lo tuviera adentro del oído, y el calor que me llenaba los cachetes y a la vez el frio de no saber a qué aferrarme. Y lo primero que me vino a la mente fue verme correr y pensar en el globo desinflado después de varias noches de alegría y ese flash repentino espantoso que tuve cuando no quería perderme el tren para enterarme lo que me estaba enterando. Y para tener la certeza de que una vez en la vida un sueño me dice la verdad antes de que la sepa.
Y me interrumpió todos esos pensamientos diciendo: ¿Es tu primer embarazo? Seguido de mil preguntas de rutina más. Las que fueron seguidas por unas palabras de aliento.

Sos joven, tenes tres hijas sanas. La vida es algo que uno no puede manejar. Y vos desde el momento en el que tuviste vida dentro tuyo ya dejo de estar en tus manos, lo mismo que con todos nosotros. Ahora te hablo y si me muero dejo de existir, de hablar, de pensar, y no va a ser tu culpa ni la mía, porque es la vida la que viene y se va. Entonces quiero que pienses en esas nenas que tenes, en la vida que seguro tenes por delante. Tiempo para pensar y planear, para superar. No es fácil pero no sientas que tenes la culpa. Agradece que no era más grande, aunque suene duro de escuchar o pensar, pero tenes que pensar en cosas buenas. Y siguió con más preguntas a las que tuve que contestar.

Sali del lugar con la cara hirviendo, los ojos totalmente nublados por las lágrimas y pesados y podía sentir la boca hinchada. No podía respirar. Y Gabriela no estaba ahí en frente donde tenía que estar ¿Habrá escuchado y se fue afuera? Pensé. Pero no, estaba con el rostro pacifico afuera, fumando y a medida que yo iba avanzando esa paz se transformaba en pánico hasta que llegue y me caí en sus brazos para decirle lo que no se había imaginado. Usaba un sweater color rojo. La imagen de mi hermana de rojo en un árbol sin hojas es algo que no voy a olvidar.

Y el día siguió inalterable, había sol pero no me importaba, nunca me había importado tan poco todo. Y quería desaparecer o retroceder en el tiempo o volver a despertar. Pero no. Era todo pura realidad y yo me quede sola en mi cuerpo, sabiendo que llevaba a un feto muerto desde hacía ya cinco semanas. Al que acariciaba al bañarme, al acostarme, en el que pensaba sin parar, cuando comía y elegía que comer Y LAS MANDARINAS! ¿Por qué tanto antojo?, caminaba o dormía, porque no paraba de soñar y de imaginar lo que iba a venir al mundo. Y no lo podía creer. Parecía fantasía. Terror.


¿Qué iba a hacer? ¿Qué me iba a pasar?

viernes, 13 de noviembre de 2015

Hoy voy a hablar de alguien, Alguien que todo el mundo debería conocer, o al menos estar rodeado siempre de alguien así, como yo soy afortunada de tener a mi lado a esta gran persona.

Encontré una carta, maravillosa, que me ahoga las penas y me transmite todo ese amor como la mismisima primera vez que la leí.
La carta trata sobre un amor incorruptible, protector, incondicional, capaz de superar todo.
En ella se habla de la magia que trae mi vida a la vida de esta persona, que esta arraigada tan en mi, con yo en ella, que traspasa las barreras de lo compresible, porque al fin y al cabo nunca entendí como funciona el amor, pero se que todo lo puede, todo lo incrementa y me aferro a eso y a nada más.

La carta dice así:

"Pequeña mariposa, naciste hace 24 Septiembres un día hermoso y soleado como hoy, y si bien te convertiste en una hermosa mujer, madre y esposa, aún para mí seguirás siendo mi pequeña hermanita, esa de anteojitos rojos que llevaba al jardín con dos trenzas, esa que me hacía renegar cada vez que la despertaba a la madrugada para ir al baño y no se pillara en la cama, la que no paraba de hablar en la mesa queriendo contar chistes y adivinanzas, la que chusmeaba entre mis cosas, queriendo encontrar algo... cualquier cosa que fuera un secreto, a la que me recibía con un abrazo cada vez que llegaba del trabajo, me hacías masajes en las piernas y me ordenaba la casa para que yo estuviera contenta, la que se colaba en la habitación queriendo escuchar la charla de amigas hablando de novios, la que juntaba cuanto bicho hubiera y los hacía caminar por sus manos sin miedo.
Te tuve en mis brazos, te di la mamadera, te lavé los pañales, te bañe, te arropé, te cociné, te cuidé tanto como si fueras una hija, y yo en mi inmadura adolescencia siempre traté de protegerte, como pude, como me salía, de las miserias que alguna vez vivimos como familia, siempre fuiste la razón por la cual permanecía fuerte enfrentando las vicisitudes constantes que me ponía la vida y como podía traté de salvarte. Sé que te fallé alguna vez, alguna cachetada con la mano o con la palabra pero la vida nos fue demostrando que el tiempo todo lo curo y las dificultades las fuimos superando y hoy enorgullecida de la persona en la que te has convertido puedo confiar y creer que tan mal trabajo no hice, que pude inculcarte alguna semillita de lo bueno. Siempre encontrarás en mi un refugio de amor y de paz, de la buena vida de la buena intención, porque el mundo está lleno de maldad, pero estoy segura de que si te mantenes a mi lado en el camino lo podremos lograr, seguir juntas hasta que se pueda, hasta que seamos viejitas (vos, porque yo voy a ser siempre joven) y decir y recordar las anécdotas, porque seremos esas señoras memoriosas y nostálgicas de reírse con cada cosa que pasamos a lo largo de esta maravillosa vida que nos tocó vivir. Gracias por regalarme estas hermosas criaturas, esas princesitas que me dan alegría, te deseo un feliz cumple, una buena vida, de todo corazón... que ocupas una gran parte de él, te quiero inmensamente y yo estoy... siempre estoy"

A decir verdad es tanta la emoción que me causa, que me da esa sensación de que al final nunca me va a alcanzar la vida para demostrar el amor que uno siente. El que siento por ella, que ahora en esta etapa de mi vida representa otra vez toda esa buena energía que me hace seguir, que me hace crecer, que me hace sentir que gracias a tener a alguien así pude estar siempre bien ¿cómo no iba a estar bien? Si estoy escudada por el amor. Y eso es lo que uno tiene que notar, para poder diferenciar la calidad de un corazón para acercarse a otro así, pero esto crea estándares altos de gente que lamentablemente uno no encuentra por doquier.



jueves, 12 de noviembre de 2015

Qué increíble es saber que este sitio lo creé hace mucho tiempo atras, y sin embargo recién el día de hoy tengo la firmeza de querer usarlo, para mi, para el que necesite a veces conocer un extraño que le haga sentir que no esta solo frente a las adversidades de la vida, ya que por medio de las caricias que las palabras nos permiten dar, es posible todo tipo de amistad a distancia....


Actualmente tengo veitisiete años. Nací en Septiembre, un Miércoles a las 13:08hs.
La fecha original hubiera sido 4 de Octubre en donde se cumplirian mis 38 semanas pero, las circunstancias hicieron que mi desarollo complicara la vida de mi mamá y por ende me tuvieron que programar antes, naciendo en la semana 36.
Agradecida de que asi sea, pues Septiembre mi mes favorito del año y siempre me dieron ganas de un año mas.

Vivo en un barrio muy tranquilo, en donde se escucha el sonido de los pajaros de dia, y de noche el de los grillos. Tan alto que puedo ver el cielo, y el sol antes de esconderse. En donde la luna pinta las habitaciones de plateado por las noches si está.

Mi vida gira en torno a mis hijas, que son tres. Ellas son la razon de mis dias, de mis noches de sueño tranquilo o de insomnio. De un despertar maravilloso. Todos los días. Junto al padre de ellas, crecimos juntos y ahora cuidamos el crecimiento del fruto de nuestro amor.