sábado, 28 de noviembre de 2015

Primera parte...



El 26 de Abril tuve dolores fuertes en la parte baja de la cintura. Era un dolor sordo que no se fue con un analgésico común. Pese a los intentos de elongación fallidos el dolor permanecía latente. Me preocupe y le dije a Matias que para estar de tres meses de gestación no era nada normal. Luego de ese dialogo nos fuimos a dormir.
Con doce semanas y media de embarazo, me desperté de una pesadilla horrible, como tantas otras 
Teniendo la típica creencia de que para contar un mal sueño primero debes desayunar, me levante con toda la angustia vivida en mi mente y me dirigí a la cocina para prepararme
Un té de tan solo un minuto y medio en microondas.
Hacía calor, y eso que era el Abril… Le agregue leche al té y me fui a la cama a despertar a Matias.
Me senté, apoye la taza en la mesa de luz y le dije:

Soñé algo horrible:
Teníamos que salir del planeta tierra. No servía más. Nos teníamos que subir a una nave espacial que nos llevaría a la mitad de la nada en el universo. No sé porque elegí ponerme un vestido rosa, pero era consciente de que estaba embarazada y seguramente pensé en comodidad. Me preocupaba el viaje.
Recuerdo estar sujetada a ambos lados del cuerpo solamente con la fuerza de mis brazos. Todos alrededor de la misma manera, dejando un espacio considerable en el centro de la nave. A mi izquierda Mariana. En frente Matias y a cada lado ventanas que no apuntaban a ningún lugar.
La nave despego con una velocidad inmensurable. Se sentía como una fuerza gigantesca que burlaba la gravedad y luego un golpe repentino que la hizo suspenderse en el aire. En ese instante se caía mi saco gestacional al piso, haciendo un sonido parecido al de un sachet de leche al caer.
Mi bebe estaba muerto, dentro de una burbuja perfecta rellena de líquido, con la medida exacta con la que lo conocí a las ocho semanas y media de gestación. Con las manos y los pies petrificados y los ojos bien grandes y negros. Con el proyecto de columna vertebral y con la piel translucida.
Con un grito ensordecedor lo levante en el cuenco formado por mis dos manos para mostrárselo a mi hermana Mariana a quien le dije entre sollozos: - Mira. Nunca creció.
Ay! Mi vida, que pelotudeces que soñas (Dijo Matias cuando termine) interrumpiendo todas las imágenes que me venían a la mente.
Le di dos sorbos al té. Tome dos sorbos más y lo abrace. Le dije: - Debió ser porque tuve dolores toda la noche…
Me dieron ganas de ir al baño y  no fue lindo ver restos de sangre, de hecho fue peor que la pesadilla que tuve, ya que esto era de verdad.
Lo que sentí, no se puede explicar con palabras pero sabía que no estaba bien. Sabía que no era una buena señal y me puse a llorar. Hice una plegaria a dios, “por favor, no” pensé y me dirigí a la cocina donde
Matias estaba preparándoles el desayuno a las nenas para mostrarle lo que me estaba pasando.
- No es nada, me dijo. Es normal. Es porque se te está expandiendo el útero. No te asustes. ¿Queres que vayamos al médico igual?
Con un asomo de lágrimas y la garganta arenosa le dije que sí. Me fui a bañar y llore lo que no había llorado en seis meses esperando que el agua me libre de todo pensamiento negativo.
Me vestí y dejamos a las nenas en el colegio. Fuimos a la guardia del hospital. Después de una larga espera decidí quedarme sola.
Me atendió un novato. Un intento de ginecólogo que recitaba las oraciones como si estuviera leyéndolas en un manual de instrucciones de cómo ser un médico mediocre.
-“No es nada, dijo. Tenes un 50 y 50 de chances de que sea un inicio de aborto, hace reposo y hacete una ecografía.”
Nunca estuve tan asustada. Siempre fui tan valiente, siempre tan segura de mi cuerpo, de mi salud de mi vida pero todo eso no volvía a mí en ese momento. No paraba de recordar el sueño y de asociarlo al momento del baño.
Me colme de pensamientos de este estilo: Si tengo algo que requiere reposo absoluto, le pido a mi mama que se quede a vivir en mi casa para que me ayude con las nenas. Si tengo que hacer siete meses de reposo absoluto no me importa, todo sea por el bebe. Si tengo que clavarme inyecciones todos los días durante 30 semanas no me importa, todo sea por el bebe y así se me paso el viaje en el colectivo que me trajo a casa con otra perspectiva de vida.
La Nadia que estuvo feliz el 26 de Abril no existía más. Y de pronto esa infelicidad me dejo sin pensamientos en absoluto.

Llegue a casa decidida a investigar sobre todas las situaciones posibles. Coincidía que desde que yo no tenía náuseas y malestares también se podrían deber a la evolución del embarazo, así como podía deberse a la interrupción del mismo.
Pero estaba tan bien! O eso creía, ignoraba  lo contrario.
Le pedí a mi hermana que me programen una ecografía para el día siguiente. Gabriela totalmente dispuesta a apoyarme tal día, siendo muy optimista en todo momento.
En ese entonces me concentre en la vida que tenía, el ahora y los nervios me consumían, hable con Naomi para que me pudiera entender el silencio. No tenía ganas de hablar, pero ella sabía que algo me tenía mal. No la quise preocupar más, y decidí salir a comprar útiles escolares.   
No estaba para nada consciente de que todo lo que había leído en verdad me podría estar pasando. Quería creer que era todo producto de la casualidad de un mal sueño con una señal natural de que todo estaba bien. Por supuesto quería creer eso. Por supuesto ya que después de tres embarazos perfectos a mi nada podía pasarme.
Empecé a tener culpa, (habré hecho algo mal?) (¿Será porque estuve tan nerviosa?) (¿Será porque soy más grande?) y una lista infinita de posibles amenazas para que todo encajara en ese dia.
 Empecé a pensar en el sexo. ¿Te imaginas si mañana además de enterarme que está todo bien me entero si es nene o nena? Que tonta que soy por pensar que las cosas van mal. No hay nada mal.
Busque imágenes positivas… dos gatos abrazados y uno diciéndole al otro “Everything is gonna be ok”. Me causo unas increíbles ganas de llorar.
Llore demasiado. No podía disimular más. Las nenas se preocuparon, Salí de la computadora y miramos una película. Fui a cocinar y no podía parar de pensar ¿y si realmente estaba mal?
¿Què pasaba con la ilusión? ¿De qué había servido encontrar esa virgen que colgaba desde hacía dos meses en mi juego de llaves? ¿Què le iba a decir a la gente a la que con tanta felicidad le dije de lo que había vuelto a sucederme?

No sè como siguió el dia. Se que no dormi hasta las seis de la mañana. Sé que pasaba por el espejo a hacerme un te cada media hora y me miraba el vientre. Asomado, y  tierno. Y acariciándomelo me ponía a llorar.
Me fui a dormir, me quería desconectar de tantos pensamientos mezclados. Y soñé que me quedaba dormida y mi hermana me esperaba en ese lugar al cual nunca me presentaba, y me perdía, y no podía llamar por teléfono. Y me despertó el alarma, fui al baño y esperaba encontrar más de eso que había visto el dia anterior, pero no.
Era tarde, y escuche el tren. Corrí y corrí y pensé: Mi bebe está muerto y debe estar moviéndose de un lado hacia otro adentro mio como esos globos que quedan desinflados y olvidados de las fiestas y tener ese pensamiento me hizo sentír ajena a mi misma. Afirmando algo que no podía ser. Algo que a mi jamas me podría pasar. Dios mio! Me dieron reposo y yo corrí.
Llegue y me senté mirando hacia el lado contrario al sentido del tren. No podía parar de pensar. No dejaba de temblar. No podía respirar, había corrido mucho. Estaba muy gris el dia. No me emocionaba el paisaje, en realidad hubiera preferido viajar hasta el cansancio y no tener que ir a ningún lugar. Mirando un poco a la gente me di cuenta del aspecto que tenía. Un pullover gris que me hace ver pálida, el pelo en un rodete y la cara lavada con mal temple.
Pero me tuve que bajar y me acordaba de la breve conversación con Gabriela la noche anterior: Mañana vamos, quédate tranquila que mi bebito está bien.
Me concentre en eso y rogaba poder ser capaz de decirle: Una vez que tenes razón! Y por qué no! Basta. Deja de pensar mal, me decía a mí misma. (Tía, felicidades. Es un varón.)


El encuentro:

Nadia, no estes nerviosa. Está todo bien. A mí me paso eso, es normal. A Mariana le paso, y también es normal. Además estas bien. Te hiciste una ecografía y estaba todo bien. Deja de estar nerviosa al pedo. Es al pedo. Ahí viene el colectivo. (Tiro el cigarrilo al cordón de la vereda y alzo la mano)

Llegamos rápido. Nos atendieron lento. Llego mi turno y entre, dejando a mi hermana atrás, pero en frente de la puerta.
Un señor muy alto, robusto y de ojos celestes me pregunto mi nombre. (Sera varón?)
Nadia, estas de 13 semanas, ¿Quién te mando endovaginal? Rescostate y levántate la remera.
No quería mirar la pantalla. Realmente no quería. No quería mirar nada hasta que no me dijera que estaba todo bien…
¿Sos regular? Si. ¿Estas segura? Si. Muy segura. Sabes por qué te pregunto? Porque las mediciones me dan una cosita de apenitas nueve semanas.
Ya está. No quería saber más nada. Ya estaba segura de todo lo que venía. Trataba de ignorar cada detalle de ese momento porque sabia que iba a ser el peor dia de mi vida y seria en vano guardar información de algo que iba a querer olvidar, y cerré los ojos esperando que el momento pase. Sabía que me toco lo irreversible, lo inevitable, lo natural, lo posible. Me toco a mí. Y que más me iba a preguntar?
Voy a ponerlo en la pantalla para que lo veas. Mide 3 cm. Lo ves? Me da exactamente 9.3 semanas. Y el doctor seguía hablando pero yo miraba lo vacío que se veía ese bebe. No le veía titilar el corazón que con tanto ritmo saltaba hacia un mes atrás. Y en realidad ya no quería ver más.
Tenemos que encontrar el latido del corazón. Y busco y busco y no encontró más que ruido incoherente. Y no se escuchaba más que mi sollozo y la luz fluorescente y los tics de su tipeo en su computadora quizá anotando “Cinética cardiaca negativa”. Pero yo también podía sentir el sonido de mi corazón, como si lo tuviera adentro del oído, y el calor que me llenaba los cachetes y a la vez el frio de no saber a qué aferrarme. Y lo primero que me vino a la mente fue verme correr y pensar en el globo desinflado después de varias noches de alegría y ese flash repentino espantoso que tuve cuando no quería perderme el tren para enterarme lo que me estaba enterando. Y para tener la certeza de que una vez en la vida un sueño me dice la verdad antes de que la sepa.
Y me interrumpió todos esos pensamientos diciendo: ¿Es tu primer embarazo? Seguido de mil preguntas de rutina más. Las que fueron seguidas por unas palabras de aliento.

Sos joven, tenes tres hijas sanas. La vida es algo que uno no puede manejar. Y vos desde el momento en el que tuviste vida dentro tuyo ya dejo de estar en tus manos, lo mismo que con todos nosotros. Ahora te hablo y si me muero dejo de existir, de hablar, de pensar, y no va a ser tu culpa ni la mía, porque es la vida la que viene y se va. Entonces quiero que pienses en esas nenas que tenes, en la vida que seguro tenes por delante. Tiempo para pensar y planear, para superar. No es fácil pero no sientas que tenes la culpa. Agradece que no era más grande, aunque suene duro de escuchar o pensar, pero tenes que pensar en cosas buenas. Y siguió con más preguntas a las que tuve que contestar.

Sali del lugar con la cara hirviendo, los ojos totalmente nublados por las lágrimas y pesados y podía sentir la boca hinchada. No podía respirar. Y Gabriela no estaba ahí en frente donde tenía que estar ¿Habrá escuchado y se fue afuera? Pensé. Pero no, estaba con el rostro pacifico afuera, fumando y a medida que yo iba avanzando esa paz se transformaba en pánico hasta que llegue y me caí en sus brazos para decirle lo que no se había imaginado. Usaba un sweater color rojo. La imagen de mi hermana de rojo en un árbol sin hojas es algo que no voy a olvidar.

Y el día siguió inalterable, había sol pero no me importaba, nunca me había importado tan poco todo. Y quería desaparecer o retroceder en el tiempo o volver a despertar. Pero no. Era todo pura realidad y yo me quede sola en mi cuerpo, sabiendo que llevaba a un feto muerto desde hacía ya cinco semanas. Al que acariciaba al bañarme, al acostarme, en el que pensaba sin parar, cuando comía y elegía que comer Y LAS MANDARINAS! ¿Por qué tanto antojo?, caminaba o dormía, porque no paraba de soñar y de imaginar lo que iba a venir al mundo. Y no lo podía creer. Parecía fantasía. Terror.


¿Qué iba a hacer? ¿Qué me iba a pasar?

No hay comentarios:

Publicar un comentario