sábado, 28 de noviembre de 2015

Parte Cero:


En la fiesta de fin de año del 2014 mi tía halagaba a mi hija menor ¿tan bien te van a salir los bebes?
Si, ¿no?
Quieren más? NO! De hecho, le estamos queriendo sacar los pañales y las mamaderas. Emma no tenía dos años aún...

Pero me quedé pensando. ¿Emma iba a ser mi última hija? Entonces ¿por qué tanto apuro para que deje de ser bebé?

Y me quedé pensando y dando vueltas con eso en mi cabeza la primer semana del nuevo año.
Lavaba las mamaderas, cambiaba los pañales y recordaba vagamente el dolor de un parto, como si eso hicera que dejara de valer la pena tener un bebé. Y lamentablemente no podía hablar con nadie del tema.
Tenía miedo de hablar de eso con Matias, estaba tan segura hacía una semana atras, hablabamos al unísono del tema, estabamos tan seguros los dos de no querer más hijos, pero todo era tan diferente para mí ahora que realmente lo estaba pensando. Considerando.

Llegó el cumpleaños de Natalia! y me enteré que mi prima estaba embarazada. La felicidad que me causó fue abrumadora y me senti tan bien que en ese momento me di cuenta de cuanto quería yo estar compartiendo la misma noticia. SI. Definitivamente quería otro bebé.

Pasó el mes y llegó el fin del ciclo, y con su llegada me sentí mal. Decidí hablar con Matias.
Matias no quería mas hijos, él estaba muy decidido. Tan decidido que envidié su firmeza.
Durante esas dos primeras semanas de Febrero seguí pensando en eso de una manera fugaz y cada vez más lejana.

El día de los enamorados, me pidieron trabajar como moza en el Restaurant donde había dejado de trabajar en Noviembre del año anterior. Fui totalmente dispuesta ya que luego de cumplir con mi puesto iba a tener un encuentro super romántico con Matias, las nenas estaban con su abuela y había que aprovechar...

El 17 de Febrero fue nuestro aniversario, lo festejamos yendo todos juntos al parque de la costa.
Tan embadurnados en protector solar como en felicidad nos tomamos un tren que demoró horrores en llegar. Naomi y Gala no sabían a dónde estábamos yendo, y yo ya no podía aguantar las ganas de arruinar la sorpresa.

Llegamos al parque de la costa, no podía ser más felíz. En los 12 años de noviazgo que tuve, nunca pudimos ir, porque las tres ocasiones en las que nos aventuramos a ir solos, nunca estuvo abierto.
Pasamos un día inolvidable, el mejor de mis aniversarios y lamentablemente no hubo fotos para poder revivir el momento.

El siguiente Sábado de Febrero vino mi hermana. Cuando soñó el portero me asusté y me subí al ascensor apurada, tanto que me resbalé con algo duro, una moneda pero cuando levanté el pie vi una medalla. La levanté y la guardé en mi bolsillo.
Recibí a mi hermana y a mi sobrina con la misma felicidad de siempre...

Al día siguiente puse a lavar ese pantalón, y me acordé de la medallita.. La sostuve entre mis dedos índice y pulgar y con la mejor de las suertes llegaba a leer lo que decía:

"Nuestra señora de la dulce espera"

"Tiene que ser un chiste" pensé. Ja! No lo podía creer, ciertamente no podía. Y por las dudas, la puse en mi lllavero. Quien sabe. Quizá es una señal.

El 28 de Febrero terminaba el mes comiendo asado en la casa de mi papá junto a mis hijas, Matias y mi hermana Natalia. Mi mamá se sumó al encuentro ni bien sintió el olorcito del carbón.
Ese día o el siguiente yo esperaba el ciclo. Entonces estaba hinchada como un sapo. Esa noche, cuando llegué a casa no podía dormir de la indigestión y las ganas de vomitar.
Tomé un té digestivo, y me volví a acostar.

Entre una cosa y otra pasó una semana. Llegó el Domingo 8 de Marzo, y yo aun no tenia novedades. Consideré la posibilidad de un tremendo desbalance hormonal porque también veía que mi pelo se caía considerablemente, pero para descartar un posible embarazo, posible imposible embarazo, le pedí a mi hermana que ese día que venía a casa por la tarde trajera para mí un test casero de embarazo.
Estaba conteniendo el pis desde las tres de la tarde, ella llegaba a las ocho. Coincidía justo la cantidad de horas necesarias para poder realizarlo con efectividad.
Llegó Mariana. Y ¿sabes que? No trajo el test.
Jajaja! La quería matar. Sinceramente. No iba a desaprovechar la oportunidad de hacermelo con todo lo que había aguantado asi que fuimos caminando a la farmacia de turno más cercana a mi casa y compramos uno.
Me hice el test con la intencion de confirmar que estaba vieja y que estaba perdiendo el pelo por un desbalance hormonal, sumandole el hecho de que hacía ocho días que tenía un atraso. Pero no.
El test dio positivo y mis manos empezaron a temblar antes de levantar la tirita reactiva del coso asqueroso ese con pipi.
¿Qué?

Estaba embarazada. Si, dos rayas son embarazo. Nadia, tres veces hiciste esto. Tres veces para saber, y tres para guardar de recuerdo. Si, estas embarazada ¡ESTAS EMBARAZADA! AY POR DIOS. ¿Qué va a pensar Matias? No quería más hijos!! Jajaja estaba embarazada. No podía creer. No era vejez, era un bebé.
Wow, cuatro hijos. La realidad me azotó la cara y me hizo llorar de alegría.

Caminé como una tarada hacia el living y le dije a mi hermana:

Boluda, podes creer que estoy embarazada? 

LA CARA QUE PUSO

Qué? Nah... me estas jodiendo. A ver? No, no se ve bien la raya.
Mariana HAY DOS RAYAS no importa la intensidad.


Entre abrazos y planes con nueve meses de programación me desesperé. Se lo conté a quien podía.
Matias no lo podia creer ciertamente yo tampoco, porque nos cuidamos. De hecho siempre nos cuidamos desde que tuvimos a Emma entonces eso que significaba?

Pasó todo Marzo y me tocaba la primer ecografia y a la vez que salía de casa acariciaba la medalla que colgaba junto a la llave. ¿Sería eso lo que tenía que vivir?. Que felicidad. Otro bebe. Dios mio que felicidad. 
Parecía que estaba destinada a tener lo que deseaba.
En la ecografía se vio mi bebé de 8.5 semanas con un corazón fuerte de 169 latidos por minuto. Con esa formita de maní enloqueciendome desde antes de que llegara. Lloré. Era la primera vez que lloraba en la primer ecografía. Qué tarada. Pero quería saber que todo estaba bien y así estaba. Que dichosa vida me toca vivir. Es todo lo que podía pensar

Y a partir de ese día era todo lo que podía pensar. En mis cuatro hijos. En mi bienestar. En los vomitos, en el asado que me había caído mal. Ahora tenía sentido todo.

¿Cómo se iba a llamar?

No paraba de soñar con ecografias. Que era nena un día, al siguiente era un varón. No podía dejar de imaginar las dos habitaciones y un futuro prometedor. 
Le escribia cartas. Le pedía salud. Le pedí a la vida lo mejor y me lo había dado. Siempre. 
Me dormía todas las noches con la mano apoyada en mi vientre. Me bañaba todas las veces pensando en que no estaba sola. Ya imaginando esa instancia en la que no iba a poder mirarme los pies.
Me aseguraba de que el agua no este muy caliente. Me aseguraba de comer bien. 
Tantos antojos, pero ninguno como la mandarina. Iba a tener un hijo por cada estación del año y ahora gestaba una primavera. Qué feliz que eramos todos. Que feliz que era.

Hasta Abril. 

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